Euforia

Elevado sobre el vapor
de mantos translúcidos,
oscuros y verdosos,
siento el deseo de bailar,
de fundirme con el incendio,
incendio que llevo dentro.

 

Las luces que se desgarran,
que brotan y manan de los cuerpos,
se combinan con las carcajadas, golpes
y caricias que circulan a mi alrededor.

 

Uno lanza una botella al aire,
otro un proyectil de esputo negro,
pero todos los ignoran
en la tierra perfecta,
llena de sangre,
sin control.

 

(Es el dolor que grita y excita
cual droga incandescente
de magnánima fruición…)

 

Mis brazos se contorsionan en oleadas,
y en mis extremidades rebota la energía vibrante
que escapa en susurros de un lenguaje
sardónico y grotesco.

 

Ella agita su cigarro, mira a la nada y dice:
“Es tan extraño ser humano, ser la única
especie confundida y perdida en el universo”.

 

(Es el dolor que grita y excita
cual droga incandescente
de magnánima fruición…)

 

No hay frío que apague la furia,
furia que fluye desde mi interior,
ni hielo que resista mi calor,
ígneo como el aliento de dragón;
entre más buscan enfriarme
más mi flama se expande
llevada por todos los vientos.

 

Luego sueño con la noche
en la que todos ardamos rápido y lento,
abrazados en la misma conflagración.

 

Veré la luna y su espejo,
sabré apreciar su reflejo,
bañado en su encanto blanco y febril,
pronto, pienso, acabaré muerto,
en terrible abstracción.

 

(Es el dolor que grita y excita
cual droga incandescente
de magnánima fruición…)

 

 

BlackRoses* Junio de 2017

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