Escarnio

 

Te sentaste cómodo en mi mesa
a departir con mis invitados
y peor aún, recuerdo, a mi diestra.

 

Una coraza de necedad te
protegió de mi creciente fuego
al compartir las viandas
entre mis allegados,
en medio de la plegaria
para bendecir los alimentos.

 

Y en tu atrevimiento osaste
derramar lágrimas impías;
te cubriste el rostro de ojos secos,
colmados de hipocresía,
luego de la afrenta a
mi casta y a mi credo.

 

¡Intruso en mi morada,
insecto bajo mi techo!
No hay crisol que sane
tus enfermos proyectos.

 

Al gemir entre el llanto falso,
bajo el eco de la oración,
poco me faltó para escupir
sobre tu ruin semblante.

 

Repugnante para mí fue
el sonido que espumó de tu boca,
guarida de lengua zalamera y mentirosa;
bestia humectada en espesor ignominioso,
se retuerce en cloaca pestilente,
criadero de plagas.

 

Pronto la lámpara de misericordia
ocultará de ti su flama, y serás
echado afuera con los perros.

 

Allí será el aullar y
el crujir de tus dientes;
justicia que reclama
no la burla del hombre
sino la del cielo.

 

 

Blackgunner* Original de Junio 2015

 

 

 

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