Plenilunio

 

Aún lo recuerdo… a media noche,
escuché detrás de la puerta la serenata.

 

Los coros dolorosos, del trío allí afuera aterido,
se alzaban al unísono con el vibrar de las cuerdas
de varias liras acompañadas de un desconsolado violín.

 

Permanecí expectante, oculta entre las espesas cortinas
del ventanal por el que se colaba el frío y en cuyos cristales
atravesaba aquella lumbrera, la luna en el cenit, inundando la estancia,
alcanzando mis prendas de encaje que arrastraban por la habitación.

 

Mas un arrebatado silencio interrumpió de golpe la melodía
cuando te oí pronunciar tremuloso mi nombre;
y esas pesarosas notas que dedicabas
me hicieron lamentar tu temor a conquistarme:
esos espontáneos momentos fueron sólo producto de la suerte.

 

Entonces supe que no tenías nada de mí,
pues pese al calor que mi seno pudiese proporcionarte
y el fraternal cuidado que mis manos hubiesen procurado
no tenía nada más que ofrecerte,
mi corazón ya había sido estacado…

 

Jamás salí. Esa hiemal velada fue la última vez que te vi.
Aguardé tu retirada hasta que se desvaneció con el alba…
y resguardada bajo el hechizo bermellón de la hipnosis
del plenilunio, entre los gritos de heteróclitos vientos,
se consuela ahora mi alma solitaria.

 

 

Blackgunner* Original de Enero 2013

 

 

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