Reminiscencias

 
 
¡Qué extraña fruición habita en lo inesperado,
qué augusta y singular belleza la de las rarezas!
Caen de golpe a los pasos del entendimiento
y queda el recuerdo anonadado.
 
 
No saben los hombres las peripecias de los amantes,
ni los ángeles entienden lo que impulsan sus deseos;
¡El Qué del Todo, lo Natural, lo Nuevo!
Pues no duermen los hombres en sus experimentos.
 
 
Sobre una sábana de terciopelo negro
absorbí el sudor de tu cuerpo,
el sabor a vino de tu boca,
el calor de tus miembros.
¿No veían mis ojos el ampo de tu pecho,
el hueco que se forma entre tus costillas y tu vientre?
Apenas puedes creer que ha pasado ya:
como vela encendida que no se consume es el tiempo a tu lado.
 
 
Tus brazos me han envuelto,
rodeando mi pecho;
no hemos caído en la atmósfera epicúrea de esta noche,
pero veo, sin embargo, quel ungüento que sana las viejas heridas
se halla en el tropiezo del alma.
 
 
En la mezcla de la situación
no se le acaba la admiración al pensamiento,
no los frutos de extrañeza al corazón.
Entonces ha huido la fuerza de mi voz
y hablo ahora como aquel que susurrando cuenta secretos.
 
 
Sibilinos viajes nos esperan,
misterioso es nuestro sino,
pero no olvidarán mis recuerdos,
porque perpetrando el tiempo en los sueños
proyectáronse las reminiscencias sobre esta noche.
 
 
 
                             Black Gunner* Original de Febrero 2011
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