Abril eterno

 
 
Escucho el ladrar de los perros,
el lejano aullido de los viejos pueblos…
 
 
Vacías y desoladas son las anchas calles y sus camellones:
Noche, noche interrumpida por la nada…
 
 
Más allá del enorme ventanal los grandes cipreses
fluctúan con el viento;
los cristales, cuajados del rocío, se hielan lentamente.
 
 
Tú eres silencio y ruido,
profundidad insondable,
eres el arrastrar de los dedos
sobre las cuerdas de esa enjuta lira;
eres los tenues ecos indecibles
del susurro en sus pausas;
el canto sordo de los lerdos pasos del anciano,
la vacuidad que hay en los espejos…
 
 
En el jardín trasero,
bajo los columpios y el desvaído tiovivo
no hay risas ni balbuceos,
ni los juegos lúdicos de antaño:
allí sólo las sombras de sus volátiles danzas
que se elevaban humeantes hasta el cielo;
allí las huellas y rastros de sus tiernas vidas,
la tierra y el tácito adiós perpetuo.
 
 

 

Black Gunner* Original de Junio 2012

 

 

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