Libélulas

 
 
Se queda en la piel como incrustado en el alma después del sueño,
descanso del cuerpo:
los pequeños roces de nuestra piel enarbolada,
los quedos ruidos entre nosotros.
 
 
Se prenden de los pensamientos
aquellos momentos introductorios:
silencios superlativos,
manjares perpetuos
llenos de cabellos cayendo, volando,
guiados por el viento y la gravedad;
 de aquellas miradas adormecidas y cristalinas como lagunas todo reflejantes;
de labios entreabiertos y espasmos delirantes,
de risillas tímidas que lo descubren todo.
 
 
¿Qué vaticina una mano tibia
recorriendo tu vida y tus formas?
Nada es placentero si no hay tiempo de sobra,
tiempo suspendido en los tortuosos caminos del amante.
 
 
Caen las hojas del otoño sobre nuestros rostros,
se posan libélulas descoloridas en nuestras rodillas, no más brillantes;
y tu boca pálida y caída me parece incluso más hermosa que antes.
 
 
Es de la copa de los recuerdos de donde tomamos, del dulce vino de la juventud,
de horas eternas que vuelan como cuerpos humeantes de
donde alimentamos ahora nuestras roncas risas.
 
 
Cuando tu trémula mano se posa ahora sobre la mía,
los caminos de mi rostro parecen alegrarse.
 
 

Black Gunner* Original de Febrero 2012

 

 

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