Cenotafio en la Costa

 
 
Veo en este amanecer despierto
dentro de esta enmohecida fosa,
con el espíritu en coma
que el triste vaivén de las olas
me consagra en el dolor de lo que el alma añora.
 
 
Detrás de las palmas y sus sombras
oigo el carraspear de un amargo viejo,
que entre muecas y resuellos
disfruta los últimos momentos de sus horas.
 
 
No hay barca que me lleve a donde quiero
ni mujer que alegre mi estancia;
si muero entre cálidas arenas
no habrá quien coja mi cuerpo y le dé santo sepulcro,
ni hijo que llore mi ausencia,
ni madre que haga sus rezos por mi alma.
 
 
Vagando el infortunio del silencio eterno
de un cualquiera aletargado,
por la luz del mundo adormilado,
entre el graznar de las gaviotas
y el ojo tuerto del pirata que mira firme a su amada enemiga,
tan perpetua y oscura por momentos, tan diáfana y todo reveladora;
sobre el crujir de viejas maderas
que la acarician por partes sin poder nunca complacerla.
 
 
Canto al tiempo perdido en los desiertos,
sin que de mi boca salga un sonido;
cascajos sobre mis ojos, comezón sobre mi garganta
y párvulos, muchos, transitando libres,
aquellos que me pisan con sus diminutos pies y me
entierran más en el más profundo de los huecos.
 
 
Allá va el hombre lerdo y cuchepo,
aquí está el olvidado,
más de mi boca no salen algas,
no hasta que se ponga el sol:
aquel que el alma aguarda.
 
 

Black Gunner* Original de Diciembre 2011

 

 

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