Nido de Serpientes

Siempre amé la oscuridad hasta que el resplandor de mi propia luz se extinguió.

 

El zumbar en mis oídos dejó de palpitar y pese al frío, mis manos siempre estaban ardientes.

 

Sin pensarlo, sólo como en un parpadeo, aparecí en un Nido de Serpientes, y el sitio en que moraba tornose de bella fantasía en visión fatídica.

 

El árbol del jardín en el que antes vi vida y gracia es ahora criadero de alimañas que me atormentan aún dormida.

 

Las albas paredes enfermaron y poco a poco les brotaron manchas, pústulas de cal ictérica, agua estancada y podrida.

 

Y las criaturas que urgía bloquear de puertas y ventanas pugnaban por entrar, y la energía de la casa me pedía a gritos que no la abandonase.

 

Tras meses de tormento disfrazado por la inconsciencia, con el corazón martajado y el alma perforada, me tendí sobre las maderas húmedas del último hueco intacto del piso.

 

Allí, donde los vitrales rotos permitían que el haz de luna me hiriera los ojos, dejé por un momento que el viento me acariciara.

 

Y yaciendo con el torso desnudo y percibiéndo sólo el ruido de los ventiladores, ya no distinguí la música extraña que me susurraba en sueños.

 

Reparé entonces en las aspas que giraban, colgadas del vulnerable techo; miré a Lizbeth, mi dummy, observarme con desprecio y comprendí el escenario paralelo.

 

(Un cuerpo carcomido por los insectos, con el rostro destrozado y el dorso partido, ensangrentado y hallado luego de mes y medio de descomposición…)

 

Si bien pugnaba por aniquilar a los malignos bichos que se arrastraban por paredes y suelos, ese espejismo de mi los protegía.

 

Su mandíbula abierta y descarnada les sonreía, sus brazos y pechos desnudos les abrazaban; gusanos y escorpiones le corrían por el cuerpo.

 

Desperté luego del ensimismamiento, y pese a que el sopor que permanecía en mi me debilitaba, logré huír del aposento que intentaba hundirme en desesperación.

 

Siempre amé la oscuridad hasta que el resplandor de mi propia luz se extinguió.

 

Blackroses* Original de Octubre 2017

 

 

Anuncios

Presagio

Un sacrificio en mi morada
y con su sangre marcar mi puerta,
para que el Ángel de la Muerte no entre,
pase de largo, y siga su jornada.

 

Con ayuda interpreté el mensaje:
destrucción se avecina a galope,
en un cántico que llama a La Guerra;
poco sutil me mostró su aprecio,
y un vaticinio a bajo precio.

 

Le sostuve la mirada y dejé en claro:
admiro tu faz pero no eres mi dios,
“de mi puerta escurre La Noche,
entinta mi pluma y anega mi lar”.

 

La ira la absorbió el inocente,
criatura que se aventuró sola
hacia la cueva del dragón;
sus entrañas fueron esparcidas,
el cadáver atravesado por mi lanza
hiede para evitar más inmolación.

 

“De mi puerta brota La Vida
cuando me abriga La Noche,
inunda la casa donde nado en sueños,
quimeras cruentas, de redención”.

 

 

Blackroses* Original de Junio 2017

Euforia

Elevado sobre el vapor
de mantos translúcidos,
oscuros y verdosos,
siento el deseo de bailar,
de fundirme con el incendio,
incendio que llevo dentro.

 

Las luces que se desgarran,
que brotan y manan de los cuerpos,
se combinan con las carcajadas, golpes
y caricias que circulan a mi alrededor.

 

Uno lanza una botella al aire,
otro un proyectil de esputo negro,
pero todos los ignoran
en la tierra perfecta,
llena de sangre,
sin control.

 

(Es el dolor que grita y excita
cual droga incandescente
de magnánima fruición…)

 

Mis brazos se contorsionan en oleadas,
y en mis extremidades rebota la energía vibrante
que escapa en susurros de un lenguaje
sardónico y grotesco.

 

Ella agita su cigarro, mira a la nada y dice:
“Es tan extraño ser humano, ser la única
especie confundida y perdida en el universo”.

 

(Es el dolor que grita y excita
cual droga incandescente
de magnánima fruición…)

 

No hay frío que apague la furia,
furia que fluye desde mi interior,
ni hielo que resista mi calor,
ígneo como el aliento de dragón;
entre más buscan enfriarme
más mi flama se expande
llevada por todos los vientos.

 

Luego sueño con la noche
en la que todos ardamos rápido y lento,
abrazados en la misma conflagración.

 

Veré la luna y su espejo,
sabré apreciar su reflejo,
bañado en su encanto blanco y febril,
pronto, pienso, acabaré muerto,
en terrible abstracción.

 

(Es el dolor que grita y excita
cual droga incandescente
de magnánima fruición…)

 

 

BlackRoses* Junio de 2017

La Envidia del Cielo

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Hay un lugar en el mundo donde el cielo tiene envidia el mar.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Tierra de criaturas salvajes que se yerguen orgullosas de su dominio.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De aguas tan diáfanas que el baño del hombre es en horchata
para sumergirse luego en cerceta, turquesa y lapislázuli.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Donde los árboles son miembros colosales y las palmas rodean castillos ocultos entre el paraíso.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Vigilantes, los muros custodian las entradas de los mortales.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 Y las piedras cuentan historias ancestrales (…)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Sus playas, son efectivo descanso;
Recreo y diversión en el ocaso rosáceo.

Blackroses* Original de Abril 2017

Monstruo

El pasado es un monstruo
que carcome nuestras entrañas,
una criatura que se arrastra por dentro
y pesa cual fardo hinchado sobre la espalda;
el presente es todo incertidumbre,
pero el futuro es una quimera
incluso más espantosa.

 

En la oscuridad de mis congojas,
pude sentir cómo despareció de golpe
la flama que sostenía trémula sobre la palmatoria;
aplastada la luz que alumbra el camino del forastero,
el silencio abrazó cada uno de mis senderos,
en una habitación de interminables puertas.

 

Afuera de mefistofélicas pesadillas
las veredas que creí conocer para
hacer más corto mi trayecto
se cerraron ante mis ojos.
Y ahora hiede la sangre de mis yagas
y soy yo la misma putrefacción.

 

 

Blackroses* Original de Noviembre 2016

Atardecer cosmogónico

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Más allá del valle plomizo,
donde la bruma azul recubre los montes
y la cúpula de nubes salvajes
parece querer estrujar la tierra,
se yergue un sitio sagrado,
donde los hombres mueren
para convertirse en dioses.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Camino pétreo y retorcido,
rodeado de pastizales y cactáceas,
prepara los ojos para desvelar
su majestuosidad palpitante.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.


Y entre el barullo multitudinario,
el gélido viento le susurra a uno
sus recuerdos primigenios,
que hieren los rostros
bajo el sol desfalleciente.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Tras las primeras escalinatas,
el griterío se agrava: se estrella la luz
sobre los ángulos del espacio monumental
que revelan una serpiente humana abigarrada,
a miles de millas desde las costas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Repta exhibiendo sus múltiples destellos,
sube, baja y se desprende, se contorsiona
y dispersa con reflejos hacia la eternidad.
Mas una vez arriba, en la cabeza de la culebra,
uno puede hallar en sí mismo parte de su divinidad.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Abajo, después de recorrer la remota calzada
y el palacio oculto entre vegetación agreste,
luego de los lindes de la ciudad de los gigantes,
danza una silueta y estira sus brazos hacia el horizonte;
contempla el atardecer cosmogónico, mientras
descubre su máximo punto de oscuridad.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Blackroses* Original de Noviembre 2016
sobre las ruinas de Teotihuacán

Fotografías Jonathan Noiser*
Texto Ginger* Ragazzo

La vía

Viajamos de noche en esta autopista infinita,
con marcas en el asfalto semicurveadas y granulosas,
alumbradas por las cetrinas luces delanteras,
pasando una tras otra, lo único que cerciora nuestro paso;
casi volando hacia la minúscula línea que se traga al cielo.

 

Puentes y casetas, me desconcierta el semblante
de los hombres que reciben  el dinero,
sus saludos androides y meneos hiperarticulados;
la misma señalética y formas semejantes por todos lados;
con el estéreo parpadeando sus marcas LED
en un leguaje alienígena acelerado y lento,
desacompasado, arbitrario, errático.

 

Y alguien conduce con un oído sordo y
otro hacia el viento, tarareando canciones
que implosionan rebotando en rauda cadencia,
con las bocinas trabajando a marchas forzadas;
también canto, pero soy un juglar ignorado,
un payaso asfixiado, calmado y a su vez eufórico.

 

Mientras mi acompañante silva y canturrea,
abro la ventanilla a mi lado y logro el alivio:
jugueteo, peleo y me agito con el ventarrón,
mis cabellos rebotan sobre mi cara, quieren escapar,
me golpea una fuerza divertida.
Me dan ganas de arrojarme y vencerla,
pero el parabrisas y el retrovisor
me advierten de la estupidez,
entonces me ahogo en carcajadas.

 

De súbito, sin comprender cómo,
me hallo en un jardín desconocido;
cuelgo, medio amarrado, de la espalda
de un gigante extraño a mi lado
que me conduce a su habitación.

 

Blackroses* Original de Agosto 2016.